Levantarse temprano, cambios de última hora en la selección de los cuadros a presentar, cargarlos en el coche aparcar en la Biblioteca, escoger un sitio, colocar los cuadros... e ir a desayunar con la amiga que metió en esto. Todo un ritual.
He vuelto a tener suerte, por tercera vez me han seleccionado un cuadro. Justo el que yo no pensaba, por el que no apostaba y el que descolgué a última hora de una de las paredes del salón.
Una estupenda mañana que terminó tomando cervecitas con aquellas personas que quisieron y pudieron acompañarme en ese día especial. Gracias.



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